LA FORMA DEL ASOMBRO

Cuando el viaje es señuelo donde descubrir lo infinito en lo particular, Emma Livingston acierta al perfil de su trabajo fotográfico. Allí, coqueteando con una técnica dura, las vuelve imágenes llenas del encanto sensual de lo hecho a mano. Es la captación de un instante de encuentro con la inmensidad del paisaje, donde mana el asombro. El maravilloso momento  donde en la máxima aproximación, se halla lo inconmensurable del macrocosmos.

Ahora, esta forma visual, que reúne lo vasto en un fragmento particular se vuelve hoja, y se revela, como en dibujo coloreado. Las fuerzas sobrenaturales de un mar abstraído del océano son ahora dispuestas en una de las formas simbólicas más fuertes, el círculo. Aquello que lo engloba todo, que reúne en sí todas las partes en un movimiento constante sin interferencias. Es a través de ese inesperado impacto producto de lo natural, lo que nos abre al instante del silencio. Desde allí, Livingston con su mirada profunda logrará el diálogo entre formas, del océano en un caso, a una perspectiva de cielo estrellado. En otros, hacia una “pintura metalizada”. La enmarañada flora deja por debajo lo profundo del universo, allí, donde puede descubrirse la historia más añeja y preciosa del acto de la creación. Son fragmentos de naturaleza sin lugar. Aquí, son el universo mismo, único marco infinito de los elementos. Aguas de ir y venir, hojas caídas o meciéndose con las ramas, aires con sus danzas entre los objetos naturales, son los protagonistas del paso del tiempo con su eterna presencia. Pero siempre, en constante transformación. En este trabajo, se manifiesta el  sutil y maravilloso encanto de la infinita variedad dentro de la misma especie. Siempre lo mismo, jamás iguales. Son un fragmento y son el todo, en la forma del asombro.

Dánitza Pardo Méndez - Septiembre 2017